Pasamanos, poesía en tránsito

Beatriz Actis.

La Biblioteca Argentina ha venido entablando un diálogo fecundo con poetas de la ciudad de Rosario a través de Ciclos de poesía, presentaciones de libros y lecturas en espacios públicos. Es por ello que seguimos insistiendo con estas invitaciones a conocer la producción local, con publicaciones en línea, compartiendo mensualmente la obra que se manifiesta desde nuestra ciudad.

En Agosto te invitamos a conocer la poesía de Beatriz Actis.

Ciro Korol y su libro "Monte"
Ciro Korol
Alejandra Mendez Bujonok
Alejandra Mendez Bujonok

Biografía.

Nació en 1979 en San Cristóbal, Santa Fe. Reside en Rosario, Argentina. Estudió psicología en la UNR, es escritora y productora cultural. Coordinó los ciclos de lecturas: Poesía en los Bares (auspiciado por la Secretaría de Cultura y Educación de la ciudad de Rosario) Poetas que leen a otros Poetas, Poetas del Tercer Mundo y las trasnoches del FIPR (Festival Internacional de Poesía de Rosario) en 2010 y 2011, entre otros. Ha participado en importantes Festivales de Poesía nacionales e internacionales. Publicó los libros de poemas: Tarde abedul (La Pulga Renga, Rosario, 2013), Charlas con Cuchúa (Editorial DeAcá, San Luis, 2018), Trece maneras de enfocar otro pájaro (Ediciones Arroyo, Santa Fe, 2019). Fue declarada Artista Distinguida por la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe (2019). Integra numerosas antologías nacionales e internacionales.
Actualmente coordina un ciclo de lecturas en la Biblioteca Argentina «Dr. Juan Álvarez» y junto a la poeta Vicky Lovell, el Área Letras del Complejo Cultural Atlas.

Poemas

Toda luz, todo fondo

Toda luz, todo fondo
me lleva en sabanas
de piel algarrobo
a la ribera.
Silencio que se hace carne
en línea inrecta
hasta la quilla de las aves.
Al Colastiné bebemos por paisaje
los poetas de viento húmedo.
La pampa gringa de los inundados,
que saben que el sauce llora
como lloran las viejas olvidadas,
como llora el río y la dejeza.
Que entroncadera zurrumba
peregrina cruje la madera.
Que como dice Fournier:
es un “inútil afán de huesos”.

Centelleaban

Centelleaban al fondo
la ilusión y el olvido
en la nube de mi mente
mi memoria.

En torno a un sueño
giraba a veces mi mano
y en la mansa luz
la palabra.

Del hondo follaje
que al río ha caído
en la nube de mi mente
mi memoria.

( De: Tarde Abedul)

Día de los muertos

Parate acá.
Hacé silencio. Escuchá
una anciana muere abandonada:
Pitogué! Vichofeo!
Dice Cuchúa y llama, lo llama.
Hoy más que nunca vas a sentir,
ni se te ocurra responderle m´ija
¿Trajiste la cruz?
Nunca salgo sin ella. ¿Quién puede?
Hacé silencio. Escuchá
su música sube, nos moja.
Pitogué! Vichofeo!
Dale tu nombre, tu energía a la niebla,
mudáte la piel,
horadá tu corazón como una piedra
que sola en la inmensidad
quedará.

(De: Trece maneras de enfocar otro pájaro)

La vida es

una flor del Irupé que pasa
delicadamente en su hechizo
vuelve, pasa y se va.

Aire sordo esta mañana

el agua se agita un poco más
y veo a lo lejos aquel barco
trae en el oleaje un estallido
de las sombras que me van cercando
como si fuera parte del paisaje
también yo.

Palo borracho

Con la expresión solitaria y altiva
del filosofo en la costa
estás así, tan raro y solo, samuhu
chucán, algodonera, espinosa, alma
botella para beberte etéreo vino
con dulzor blanco entre los dioses.
Panzudo dador de vida que tiembla
ajeno a toda mezquindad,
así estás, tan raro y solo, samuhú.

En bandadas

“A una herida
sucede otra.
A cada herida
un vendaje”
Estela Figueroa.

A vos te canto, mientras estallan múltiples sombras
de la que estabas llena en racimos goteantes
como las ramas que se queman en los brazos
de Anahí, corazón de nuestro murmullo
entre las hojas que se vuelven grito
verdinegro multiarcoíris se recuperan
de un golpe, de otro, otro, en bandadas
horneras suben y bailan, suben
los alonsitos del aire. Albañiles
que levantan la casa en la que vamos a entrar.
A vos te canto, materia en movimiento sublime
que sea victoria, siempre, que sea victoria,
que sean soplo de lluvia blanca
sobre un cielo de brote calmo,
que sean sol de mediodía
sobre un cielo de brote calmo.

(De: Cantos repentinos)

Árbol de ciudad

Soy el árbol
pero no aquel de libres extensiones,
brazos huyendo al infinito.

Llevo la carcasa herida
y no por caracoles u otras vidas.

Soy el árbol
de quejumbrosa muerte asmática
mientras oxigeno la paz.

Llovizna

La nostalgia se hace evidente en las cosas,
un silencio llega del futuro.
Alguien rema sobre el agua que cae
y canta
a pesar de todo.

Victoria

Cruzo la noche estrellada hacia otro tiempo,
verde resonar de pájaros me acompañan,
voy al encuentro de poetas que aún no han nacido
porque no necesitan más que la sombra veteada
del rio y sus vicisitudes para escribir. Saben
que el cauce de lento andar
lleva siempre a su desembocadura,
a su noche estrellada,
a su confín.

( inéditos sueltos)

Foto de Nacho Estepario en "Pasamanos, poesía en tránsito"
Nacho Estepario

Biografía.

Nació en 1990 en la localidad de Las Toscas, ubicada en la punta noreste de la provincia de Santa Fe, al límite con Chaco, zona conocida como humedal Jaaukanigás. Hace varios años vive en la ciudad de Rosario. Cursó la licenciatura en Ciencia Política de la UNR. Es poeta, escritor, artivista. Escribió en los libros “Bitácoras de la intimidad” (2020) y “Rosario, una Ciudad Anfibia. Crónicas Contemporáneas” (Mansalva, 2019).

Conjuro 

Tomar un manojo del último yuyo donde nace un río. 

Maleza que «no la arrancan por mala, sino por lo que sabe del campo». 

Llegar hasta ella por la laguna de yacarés, remando entre su calma. 

Tuyuyús corales te guiarán el camino a través de sus nidos.  

Arriba: el árbol de los monos de mayores castas. Que nunca te amedrenten sus bramidos, ni los truenos ni los chillidos de las palometas mientras devoran almas. 

Cinco ranas te besarán en la piragua cuando veas la famosa iguana que levita entre las aguas. Aquí no habrá sirenas. 

Bajar al centro de ese estero donde nace el río. 

Invocar los viejos brujos de los montes que deambulan con sus mantras. 

Arrancar al yuyo sin titubeos. La duda no es amiga en la barranca. 

Volver por la galería de selva de los árboles de luciérnagas, vadeando las estrellas sobre el lecho centelleante que la Vía Láctea ha amamantado y derramado en estas pampas. 

Dejarse perder en esa nada. 

La primera fragancia rosicler del alba te traerá de regreso a casa.

Conjuro
Tomar un manojo del último yuyo donde nace un río.
Maleza que «no la arrancan por mala, sino por lo que sabe del campo».
Llegar hasta ella por la laguna de yacarés, remando entre su calma.
Tuyuyús corales te guiarán el camino a través de sus nidos.
Arriba: el árbol de los monos de mayores castas. Que nunca te amedrenten sus bramidos, ni los truenos ni los chillidos de las palometas mientras devoran almas.
Cinco ranas te besarán en la piragua cuando veas la famosa iguana que levita entre las aguas. Aquí no habrá sirenas.
Bajar al centro de ese estero donde nace el río.
Invocar los viejos brujos de los montes que deambulan con sus mantras.
Arrancar al yuyo sin titubeos. La duda no es amiga en la barranca.
Volver por la galería de selva de los árboles de luciérnagas, vadeando las estrellas sobre el lecho centelleante que la Vía Láctea ha amamantado y derramado en estas pampas.
Dejarse perder en esa nada.
La primera fragancia rosicler del alba te traerá de regreso a casa.

En ‘Crónicas de Jaaukanigás’
Clavaste el ojo del moncholo en la punta de la lanza
para que el desgarro
contenga medicina
Naciste del mito
debajo del agua
en el epicentro mandala
de un irupé
Recorriste
generaciones de isleños
buscando la última
corazonada
Dormiste plácido
bajo la sombra ancestra
del árbol cienpiés
Te abriste surcos de agua entre pastizales
serpenteados
Dudaste
dos veces
antes del alba
rosicler
Un primate
avanzó
hacia tu tercer ojo
de memoria atávica
Y al fuego
te adentraste
humedecido
para arder
Una viudita te siguió
para narrar
tu espalda
Trepando a las ramas soleadas viste al horizonte crecer
Meandriformes fueron
los caminos
que trazaron
tus brazadas
Con tu mirada otoñada la siesta dorada
se nos hizo piel
Supiste desenterrar la raya mitológica de los pantanos
Caleidoscopio en alas se abrió a tu paso la flor del clavel
Idénticos hexágonos el panal de abejas, la piel de víbora
y tus escamas
Las caracolas
del cementerio indio te susurraron
aquella noche
que se te vio
por última vez.

Eric
Eric es un joven pescador de la isla tiene la remera blanca
que se le ababucha
y le queda colgando
manchada por el marrón
del barro
y un coletazo de escamas
en la otra noche
que hubo tormenta.
La remera
desde su cuello
languidece
y entonces
lo presenta
erguido
su piel
llega al marrón del sol,
al marrón
del río.
Revuelvo su pelo ébano
mineralizado de arena
son partículas diminutas
que se le esparcen
como constelación:
podrían marcar mapas
decirnos destinos
como esa fragancia
que de su nuca viene
ese olor a artemisa silvestre.
Ofelia conoce
e interpreta
todas las flores
y los pájaros
y las hierbas
antes de marcharse
al fondo del barro,
un barro
que hoy
no le sabrá
a muerte,
sino
a ictiocentauro
en celo
que corteja
en la costa
y se aparea
en la habitación.

Ninfa náyade del Paraná
Un vaticinio.
Dos niñes hermanes habían aparecido en mi trabajo el pasado fin de semana. Se llamaban Selva y Río. Eran de apellido Quiroga.
*
Es posible encontrar
una ninfa náyade
que nace en las entrañas
del río Paraná
y cuando digo entrañas,
no me refiero
solamente
a sus afluentes,
sino a todas sus crecientes,
vísceras que son circuitos
y canales
de pujas terrenales,
otras que discurren
por tramas
y urdimbres
en tonos
y mapeos
más bien espirituales,
y por conexiones
que van
desde identificaciones particulares
a sendas universales,
siderales
digo:
esta ninfa aparece
y desaparece,
pero a ciencia-ciencia
no se le conoce nada
no se puede comprender
(de esta náyade
y de tantas otras criaturas
que pululan y andarán)
ni su origen
ni su suerte,
si ella trata de la vida
o de la muerte,
ni mucho menos
sus lenguajes
al interactuar,
o cuáles los signos
en sus formas de alabar,
cómo es su existencia fuera
de una materialidad,
si es tangible
a los ojos
de un yaguareté
o de un pilagá,
si aparece
para calmar
la tarde
o enardecerla,
si se enamoró
de un isleño
o este
la ultrajó
a la fuerza,
si cantó ríos
de arrorró
o llantos
de dolor,
si viene a vengar las almas guaykurúes en pena
y asolación,
o a susurrar,
de la tierra,
su sapiencia
y su candor,
si es una exiliada misántropa
de un pesimismo antropológico
o una pequeña querubina
de la fauna
en un orden
mitológico,
si se comunica
con el enjambre de abejas
que sobrevoló
el cañaveral
con miel,
o con la cría de yacaré que se sumergió a sus pies,
o con el disparo
en medio del monte
que ajustició
a un paisano bravo,
o con la arcilla
de genealogías
de centavo esclavo,
si suena escuchando
el sapukái de tantos,
o el suplicio vagabundo de los ahogados
en su canto,
si siente el rosicler
de los alboreceres,
o la fragancia a calma de los atardeceres,
si hilvanó los lazos
de los orígenes
con sus ancestras,
o con una etnia vieja, o de la naturaleza.
Esta náyade
se suele
manifestar
en frondosas selvas
donde nos une
a los demás,
mediante entrañas
y canales,
el río Paraná.

Ofelia
Llueve un sauce
sobre el torrente arremolinado
donde esa tarde ella
ungió su última promesa.
Bajó del verde,
abstraída y descalza
profiriendo un cántico de luna,
una señal a lo lejos.
Llevaba puestas
claras prendas
que se extendieron como mantos
hacia un color ámbar,
arcilla y madera.
Flotó, se deslizó,
sumergida, volvió a salir
para en fin
desaparecer
de la eterna superficie.
Abajo el agua
Un sinfín de peces dorados
orbitaron su descenso
Los jazmines de su diadema
se desperdigaron
entre las rocas del fondo
y los cangrejos
El barro comenzó a atraparla desde sus tobillos; algo así sintió Perséfone.
Entraba así la pequeña a un mundo
que le abría sus puertas
Recuerda sus manitos suspendidas
en el elemento líquido,
alcanzadas por el último halo de sol.
Sustancia inescrutable
el agua,
niña, cuando te envuelve
de naturaleza
eterniza
tu fusión.

Proa
El monumento
una nave
la proa como las proas
que rompen las olas
del río
sus aguas
Extractivismo
Son los barcos
el paisaje íntimo
de la ciudad portuaria
Barcos barcos barcos
De los puertos pocos nuestros casi todos
son ajenos
Llevan soja
Traen mejillones
el mejillón viene
del Sudeste asiático
aquí no tiene
depredador natural
crece
se prolifera
invade
cambia el ecosistema
se abarrota en los barrotes Los humanos el mal
De los campos
que riegan sus aguas
hasta el río llega
el glifosato
veneno usado
para esos mismos granos de esos mismos barcos
El mejillón lo absorbe
lo transmuta
lo devuelve sano al mismo río De otro error humano
la naturaleza
por sí sola
rescatando
Aquí el titán del Paraná mitológico chaná
con sus pómulos reminiscentes y sus crenchas embarradas se acuesta erotizando
Su mano desnuda
agarra
un espécimen de manguruyú
el pez más grande de nuestros lares Otros peces también lo besan Entre su fauna se recuesta
a sus espaldas
tres tortugas
sus escudos
forjarán
El coloso empuja hacia el este la proa (mascarón que dicen
tiene la cara de Evita)
El coloso marca el camino
Un brote de helecho silvestre se agrieta en su mármol
da una señal
un destino
El gendarme ya no escucha
sólo golpes
A las 19 00 arría la bandera.
La proa se llena de agua
El fuego crepita por dentro
El tronco aún enraizado
El tronco contiene adentro al fuego El agua que vino no fue suficiente El fuego sigue quemando
Tus columnas que arden en frente que arrasaron durante todos estos años son el fuego que nos quema por dentro son de nuestra tierra
su muerte.

Chela y los hongos
Este verano cuando visité mi pueblo, la noticia era que había fallecido una tía abuela. Tenía poco menos de unos 100 años.
Su cuerpo gigante era como el de esas tanas transoceánicas de la inmigración. Sin embargo, el comentario que todos hablaban durante los días de su funeral y entierro, era de cómo la Tía Chela se había achicado en su tamaño. Particular manera del ciclo natural de la vida que hilvana la dimensión de la muerte con la misma del nacimiento. Algo similar a lo que García Márquez describe sobre la muerte de Úrsula Iguarán: «Poco a poco se fue reduciendo, fetizándose. Parecía una anciana recién nacida. Amaranta Úrsula y Aureliano la llevaban y la traían por el dormitorio, la acostaban en el altar para ver que era apenas más grande que el Niño Dios».
Cuando era chiquito, mi tía Chela me enseñó una técnica que había legado de su madre Celia para discernir, en la recolección de hongos, aquellos comestibles de los venenosos y letales. Ella los buscaba por los campos y los cocinaba en salsas, postres y estofados.
“Si supiera mi tía Chela la relación psicodélica y espiritual que hoy tengo con los hongos”, le sonreí mientras escuchaba desde mi patio las campanadas de su entierro.
Al día siguiente fui al monte, el sol hizo brillar repentinamente 300 cucumelos. La racha dorada. Una cosecha al calor del sol del mediodía de un verano chaqueño.
La magia estaba en algún lugar, y seguramente mi tía Chela también ya en algún lado.

Curiyú
¿Qué sucede después del silencio mientras el sol pega en el Chaco una siesta de fines de Diciembre? Sólo el calor.
Un árbol me da morada por un momento. Las viuditas y las hormigas son la primera línea del frente de batalla del ejército del monte. No pican, sacan de a bocados. Van contorneando pequeños cráteres en la superficie de mi piel. Me echo a dormir una siesta.
En la costa, un tronco caído genera un microbioma alrededor de un camalotal. En él habitarán miles de especies. Tímidas flores liláceas recién comienzan a salir anunciando otro verano mientras arañas caminan sobre el agua como levitando. De repente veo escamas y pienso que es un pez atrapado, entre la costa y el tronco, o que simplemente está ahí reposando. Me acerco, lo toco, lo levanto con un palo y él no era un pez, él era ella. Una curiyú o anaconda amarilla gruesa como una botella de Coca de 2,25 ltrs. Se comienza a enroscar y a mover. Su vientre amarillo tenía la misma fosforescencia que comparte con otros reptiles de su entorno como tortugas y yacarés. Era pesada, dúctil y tranquila. Se deslizaba con mansedumbre, aún así determinada, mostrando sus últimos halos hasta desaparecer por completo enterrándose por debajo del barro. Su cola me dejó en la nota sonante hacia donde proseguir habitando al tiempo. Me senté en su costado, fui tumbándome hasta sentir la arena húmeda avanzar sobre mi espalda, y una vez acostado, con los pies en el agua donde ella había estado reposando, cerré los ojos y me dormité.

Yarará
Ayer después de varios días, un rato antes de emprender el regreso, se nos presentó una yarará muy grande. En mis siestas de monte e isla es la primera vez que veo una así, tan grande y tan cerca, a menos de dos metros.
Estábamos con mi amigo haciendo la última tarea del día antes de agarrar los remos: juntando en el monte leña. La tarde anterior ya habíamos ido a ese mismo lugar marcado por los troncos blancos más altos y secos, al pie de una laguna, cuando él pronunció la primera invocación a ellas: “por aquí podría ser la casita de una serpiente”.
A mí con las víboras me pasa como con la policía: no la invoco-no vienen; te sienten el miedo con el olfato. No les llamo, no les temo: no aparecen. Ese es parte del ritual mágico que tengo desde las épocas de madrugadas en techos de edificios públicos y siestas en montes, lagunas y esteros. Entonces me hice el pelotudo: le contesté a mi amigo que no las creo tan cerca del humano, que nuestra especie es su asesina, entonces ellas se alejan, que son ellas las que lamentablemente nos tienen miedo. Es lo que aprendí de mis experiencias en el Norte con los yacarés.
A veces todos estos bichos pueden aparecerte en ceremonias y rituales. La vez pasada me fue un ciervo, esta vez un ave, en la materialidad concreta hace poco un cangrejo y en este viaje una tortuga. A mi amigo, en cambio, parecería que esta vez su animal fue la víbora: la enunció esa primera tarde mientras buscábamos leña en el monte, la deseó conversando en la noche cuando caminábamos cerca del rancho, y tal vez a la madrugada cuando acomodó a una serpiente verde de madera enroscándola al pie del altar. Tres veces. “La Bicha”, como le dice su tía, “La Yara”, como le dice la mía. Y funcionó: la última tarde se nos presentó ella misma.
Tuve miedo, y se lo transmití a mi amigo a través de las maderas con la que llevábamos los troncos. Él supo cortar de forma maestra la electrificación. Nos detuvimos, y con un sonido reconectó. Quedamos suspendidos en silencio con ella ahí al lado, observando sus figuras, sus colores, su comportamiento, su mirada. Tuvimos una fascinación. Yo me senté en canastita y me encendí un faso. Mi amigo se acercó aun más a convivir con ella.
A la noche yo emprendí el regreso. Mi amigo Ciro se quedó.

Biblioteca Argentina "Dr. Juan Álvarez"
"Humedal. Poemas a cuatro manos". Sergio L. Fuster, Néstor Farini, Antonio Ramos y Sergio Ferreira.

Lea el libro aquí.

Biblioteca Argentina "Dr. Juan Álvarez"
Daniel Eduardo Greco

Nació en 1966 en Rosario (Argentina), donde vive.

Hizo estudios incompletos de Licenciatura en Letras. Es poeta y cuentista.

Publicó la plaqueta de poesía Noticias del mundo, algunos cuentos de El capitán Chamonix y Anécdotas de Casablanca en las Contratapas del suplemento Rosario 12 del diario Página 12.

En 2007 y 2008 conformó el equipo del Área Literaria de la Municipalidad de Rosario, específicamente en la edición de la Revista Literaria Boga.

Coordinó conjuntamente con Fabricio Simeoni el Taller Literario Los Lanzallamas en la Biblioteca Popular Gastón Gori de Fisherton.

Actualmente colabora con la Biblioteca Argentina Dr. Juan Álvarez difundiendo a poetas rosarinos en redes sociales.

Colabora con el programa radial “El Barco Ebrio” con un micro de cuentos en FM Universidad.

Publicaciones:

EL CAPITÁN CHAMONIX (Cuentos) Ed. Laborde. Rosario, Argentina. 2009.

NOTICIAS DEL MUNDO (Poesía) Ed. El Heresiarca & Cía. Rosario, Argentina. 1990.

ANÉCDOTAS DE CASABLANCA (Cuentos) Editorial Ciudad Gótica, Rosario, Argentina (2011).

OTIUM VERNUM (poesía) Editorial Ciudad Gótica, Rosario, Argentina (2013).

Figura en las antologías:

FIN ZONA URBANA. (Poesía). Ed. Gatogrillé. Rosario, Argentina. 2010.

MASTICABLES (Poesía). Editorial Vuelo de cartón (2010).

POLIEDROS (Poesía): antología del Taller Los Lanzallamas, Ediciones Acuarela (2011).

TALLER LOS PUMITAS (imágenes y poesía): antología del Taller de Fotografía Los Pumitas “Fundación Minetti”.

ABAT-JOUR (poesía) – Gatogrillé Ediciones.

Dirección de correo electrónico: degreco@hotmail.com

 

Poemas

Me obsequió tres notas de color

como láminas plásticas aladas

desde el sueño

Yo tenía que reconstruir

el itinerario de esas tres notas

en un acorde plateado

como una resolución de siglos

Pero después de encomendarme la tarea

Él se ocultó por un lapso

que yo estimé desmesurado

-una invitación a retirarme-

En la próxima entrevista

-ritmo hesicástico, podemos ya empezar-

yo tenía listo el acorde luminoso

que él empleó prestamente

en una sinfonía

y le quitó importancia

a su momentáneo ocultamiento.

¿Es posible que, desde la muerte y, a partir del sueño,

Yo lo haya seguido en una sucesión melódica imaginaria?

(01 02 21)

Interminable, me entrego al sueño.

Duermo en bloques de dos horas, inevitablemente

para ver la esfera del reloj, convencido de que he dormido seis al menos,

o comprobar que todavía faltan seis para levantarme,

y no me importa

porque sé que me dormiré de inmediato.

En el sueño, volveré a ese espigón de aventuras

que se adentra muchos metros en el río,

a partir de esa playa de desastre,

una playa que desordenó un viento de apocalipsis

y que estoy convencido de que, cada vez que regrese a ella

estará un poco corrida a derecha o izquierda

como si la hubiera desplazado la huella de un gigante

y el río sólo fuera un charco

para sus pies desmesurados.

Cada modificación no es

la que corresponde al nuevo sueño

y cada testigo que me ve emprender el recorrido

reacciona diferente

con varaciones en la alarma

de acuerdo al agua que rodee mis pies.

Pero ya playa y sueño son uno sólo

y sé que si me duermo de nuevo

tornaré a ella

porque es ella la aventura

que elegí para mi sueño.

(2019)

Estamos próximos al despertar cuando soñamos que soñamos

siempre lo creí una mala traducción por

Estamos próximos al despertar cuando somos conscientes de que soñamos

pero la otra noche soñé que todo este tiempo transcurrido sin vos era un sueño

y que despertaba de él y vos seguías estando

Hasta que, finalmente, me desperté, y ya no estabas.

(Daniel E. Greco)

sobre la mesa de madera marrón claro

ella va de aquí para allá

(incluso sobre mi libro abierto:

sus páginas son como patios para ella).

cuando alcanza un ángulo feo

se detiene un momento

y sigue caminando

cabeza abajo.

«la vida de esta hormiga

está en mis manos, ahora»

pienso mientras dejo de leer.

«¿soy como una especie de villano o

solo un Miguelito de «Mafalda» agrandado?».

Cuando llega a mi mano

ella evita todo posible contacto conmigo

(se vé que ya tiene una idea clara sobre todo el asunto).

sin embargo, sigue su camino, inmutable ella,

no la perturba ni un solo accidente poético:

ni un ripio,

ni una rima mal construida,

ni una aliteración mal calculada,

ni una sinécdoque que no fue planeada.

sólo sé que por ahora

sobrevuelan mi mente e

interrumpen mi lectura

pensamientos que llevan antenitas…

(Daniel E. Greco)

El ruido es un espejo negro

Que masca mi estupor.

¿Por qué no seré un trauma acústico

Opuesto al fragor del mundo?

¿al desplome de ídolos?

Solo somos dos para compartir,

Solo yo espero

Esa exquisita grafía adorada y la amo

Y me pone en marcha

Como trazos imposibles en la ceniza,

Como huellas que escapan

De los tardos relojes analógicos.

Amás entre otras cosas lo que hay en mí de naufragio

Como se ama a un chico rebelde,

A un chico crecido que

Se aturde y

No sabe dilatar una falta.

Y vuelvo a ser torpe.

Y vuelvo a ser diestro

Y vuelvo a ser extenso cuando escribo.

Yo elegí este mundo

Yo quiero quedarme en él.

(Daniel Greco)

Silla de piedra o cama de viento

Siempre te sigo te encuentro

En un perfume que siempre está

A punto de no ser y será

Que nunca descifremos esa esfera

Ese traspié que nos encarcela tanto

Que los dos terminemos esa espera

Que sabemos si la pensamos no vendrá

Rígida cascada, timbre de felicidad

Que justo suena apagado

El instante que dejamos de esperar

La llamada que nos dice

Que la poesía justo empezó

En el momento que se inauguró una eternidad

(Daniel E. Greco)

Foto de Mercedes Gómez de la Cruz
Mercedes Gómez de la Cruz

Este mes nos acercó a la poesía de Mercedes Gómez de la Cruz. (Rosario, Argentina, 1974).
Publicó los libros de poesía Roca Madre (Baldíos en la Lengua Editorial, Buenos Aires, 2019) Caudal (Grito Manso Editorial, Mendoza, 2019), Tres poemas (Arroyo Leyes, 2018), Soy fiestera (Rosario/Córdoba, 2006), 100 muñecas (Rosario, 2004) y Lo que huye (Rosario, 2003). Integra antologías como La Visita (Buenos Aires, 2018), Danke (Rosario, 2016), Nada que ver (Córdoba, 2012), “Las 40. Poetas Santafesinas 1922-1981” (Santa Fe, 2008), entre otras. Publicó su poesía reunida en epub a través de Fiesta E-diciones (2016). Fundó la editorial junco y capulí junto a la artista Gabriela M. Rodi (2004-2006). Colaboró en publicaciones como Anuario. Registro de acciones artísticas de Rosario y Revista Plebella. Su poema “La revolución no va a estar en ningún soporte” (cover de Gil Scott-Heron) integra en vivo, obra musical de Natalia Solomonoff, estrenada en Curitiba, Brasil (2018) distinguida por la UNESCO. Estrenó Amor de Verdad, monólogo teatral incluido en la puesta Cien Evitas (2019). Participa asiduamente en festivales y ciclos de lectura de poesía tanto de Argentina como de otros países de América Latina. Actualmente brinda talleres y clínicas de poesía. Su poesía fue traducida al portugués y al inglés. Administra el blog www.andromedamil.blogspot.com.ar desde 2005.
Su libro “Soy fiestera” volverá a publicarse en papel a través de la editorial Le pecore nere durante este 2021.

6 Poemas de «Soy Fiestera»

Negra para el baile
quiero ser. Negra
con motas que

tambores a mi paso suenen
pájaros de la selva que

mis ojos sean
ojos de tigre buscando

buscando

me agacho y aspiro la selva
en mi cuerpo al danzar el sudor
me hermana al animal

comenzando el movimiento con los pies
clavados al piso
vibración del bajo y el tambor

algo me llama
no una voz,
el rugido de las células
me dice
que salga de mí

así así

los hombros y su extensión
los brazos
fórmulas para principiantes

la cintura
“parece difícil pero no es fácil”
soltarse

siga siga

sienta tanta música tanta música

Se agita el aire
alrededor de mi cuerpo
girando
con el eje de su mano.
Se enturbia el espacio:

que el ritmo no pare…
baila el negro, sabrosito y
se detiene el universo

en la contención
de mi cintura en su abrazo.
Se activa el tiempo,
el reclamo de la
mirada. Del llamado
selvático del sexo,

la noche más feliz
de las fiestas.

De la razón al mito va el camino
empedrado de estrellas. Y yo no bailo,
no. Danzo. Toda la música en castellano,
maravillosa lengua difícil de ritmar,
invita al culo al zarandeo. Ojos
devoradores de cadencias,
decadencias. Y yo,
sin miedo, sin cautela, incremento
el sacudón, entusiasmada en el delay.

Tamborilea
cachondeo
bombo
cadencia candencia
de amores y pieles
bailes
mediúmnicos
trancénicos
sexuales bailes
rítmicos sexos bailables
negro negro
negro
negra

otra

Desde la tarde, el sábado era una fiesta.
El aroma del fijador era esperanza
en las manos del vate, y sus maneras
borraban los visos de tragedia del lunes
a viernes. Cada sábado renacían
las boutiques del barrio,
las promotoras de avon,
la mercería y las medias.
Intercambiábamos
camisas, algún pantalón, como
naipes para armar la jugada.
“Mama, yo quiero un novio”, gritaban
los ojitos de las permanentadas.
De todas, en realidad. Y casi ninguna
pensaba en el sexo sin amor.

Foto de Carolina Musa
Carolina Musa

De «La soberana idiotez» (Brumana, 2020).

Open mind

En un rincón de la cocina
a la izquierda de la puerta, colgado en la pared
un reloj redondo blanco (insondable
regalo de una tía) está parado hace meses
en las 8 y 45.
Más abajo, sobre la pequeña repisa
que rescatamos de la calle
un gato chino de la suerte
lleva varias semanas con el brazo quietito.
Los dos objetos
se han quedado sin pilas.
El feng shui recomienda (según he leído
en el apartado “tips tops” de una revista)
imperioso ocuparse de estos menesteres
“que paralizan toda gestación”. No obstante
lo que podría considerarse el súmmum de la dejadez
habilitó en la casa un rincón quieto
(que así lo nombro)
donde a veces corrijo unos textos
y donde acabo de mandar a mi hijo adolescente
a reflexionar.
Y hoy, viendo el problema
en su contexto estrictamente metafísico
me pregunto cómo hemos vivido siete años
sin sospechar la existencia de este espacio
aletargado reflexivo soliloquial meditabundo zen.
Así las cosas,
como una maniática de la aceptación universal
–con la coartada perfecta
para adormecer al pajarito de la nuca
que sugiere a diario comprar pilas–
me acomodo en el rincón lápiz en mano
plenamente dispuesta y
con la solemnidad del caso
te recibo, parálisis.

Contramano

El bebé sobre mis hombros
señala hacia la izquierda
mi amiga levanta la cabeza
para atender su reclamo
yo miro hacia adelante
tres personajes en tres mundos
una foto tomada al azar, puro movimiento,
al fondo dos globos revelan el cumpleaños
y la señal de tránsito colgada en la pared
mueve la memoria hacia el patio de tierra
donde brotaban unas campanillas salvajes.
Me gustaba mucho ese cartel
rojo, austero, solo un guion blanco en el medio
con la inscripción CONTRAMANO
que repito en voz alta
y el sonido –se ve–
expulsa de su recóndito intersticio
al sueño que me despertó esta madrugada
y luego olvidé: Era un dinosaurio
herbívoro, cuello largo, un diplodocus
subido en una grúa petrolera en alta mar
exactamente sobre el brazo metálico
que extrae día y noche esa maldita bilis negra
¿qué hace ahí? Yo lo observo incrédula desde lejos
y la premonición, sine qua non, se cumple:
el dinosaurio vence el peso del brazo metálico,
el océano se traga
completa la escenografía surrealista
y no provoca un tsunami sino
un oleaje tierno, espuma blanca
desde donde viene una ballena franca austral
mirándome con su ojo-pelota
una revelación hay ¡ay!
en la hondura transparente de su ojo
¿un ensueño lejano y frío? ¿una promesa?
Afortunadamente soy incapaz de descifrar
los sonidos leves que agitaron el aire
y lo que sea que haya insinuado el cetáceo
sigue ahí, alegre, ingobernable,
hamacándose en el humo del café.

Intríngulis chiribitíngulis

Las palabras mágicas
caen livianas mientras te acomodás los ojos
debajo de los lentes. Busco y no encuentro
argumentos razonables en contra de tu idea
de suicidio: preferiría que no,
que fuéramos las dos viejitas del cuento
tomando sidra a la sombra de una parra
discutiendo una tontería por costumbre
brindando por los días aciagos en que ibas a
tirarte bajo un tren. Fumamos
y el humo va a parar a la mesa contigua
donde un gordito le pregunta a la madre
si en inglés es lo mismo with que witch.
Claramente alrededor la escena es una cacería de brujas:
la plaza a oscuras, el camión de mudanzas,
los polis tomando coca un poco más allá ¿lo ves?
no son argumentos son cábalas, intuiciones
para atrapar los cascarudos que se te escapan de la boca
estoy comiéndolos
y vomitándolos
por una simple razón:
que no te muerdan esos bichos tontos
siempre dispuestos a inmolarse panza arriba. Además,
¿no se pasa de lindo este asqueroso mundo?

Ingrávido

La postal de Viedma
son los cien pesos meados que le di a un taxista.
Antes se me habían caído en el inodoro
del baño público de la feria,
como pude los sequé con papel higiénico
y los aparté en un bolsillo de la mochila.
En compensación para el muchacho
que guardó el billete en su billetera, húmedo,
lisito como uno más,
olvidé mi tapado a lunares en el taxi
cumpliendo rigurosamente una ley universal
de daño-resarcimiento.
Tampoco conseguí crédito
para el celular (era domingo)
ni funcionaron las lanchas a la ciudad vecina:
no hubo más opción que caminar siete kilómetros
a la siesta, bajo un silencio atronador (ni los perros
que dormían como dueños de la calle
se molestaron en ladrar)
Además, la computadora que no debí llevar
se me resbaló de las manos y ahora
asoman de la carcasa unos cablecitos
preciosos de colores cual si fueran
nervios. Había más
pero me niego a dejarlo por escrito porque
–verás, no digo que siempre, sólo a veces
hay más verdad en el ojo marciano y más belleza
y más ingravidez en– un viento
fresco nos peinaba de frente
los árboles hacían sombras raras en el suelo
y el río Negro se movía manso
completamente verde, aceitunado.

De «Mariposas mutantes en Fukushima» (2015).

Meada mística

Una cucaracha se retuerce en el piso del baño.
La veo padecer desde mi trono, la alcanzo
con un solo movimiento de mi pie.
Pero no la piso, fumo, no consigo
tomar la decisión de acortar el calvario.
(Qué es morir pienso qué diferencia hay
entre una leche espesa y una espesura
lechosa pegoteada en la suela)
A veces la omnipotencia puede ser vergonzosa
o la impotencia, qué más da.
Al fin se queda quieta: muerta de muerte natural y yo
inocente, apenas descanso del tormento psíquico
cuando la mentirosa da media vuelta
y corre hasta el resumidero de un tirón.

Celeste

Esas palomas van
del tanque de agua al cable
del cable al suelo
del suelo al alero
tanque cable suelo alero
rutina implacable que veo ya no espero
más la revolución palomosa.

Suelo:
Pelean por miguitas, las muy mierdas.
Picotean el agua de los charcos.
Alero:

La taza rueda de mi mano
ensucia el piso con manzanilla y trozos de cerámica:

dos palomas
torcazas grises entre tanque y alero
descansan en mi balcón.

Van y vienen con palitos
los amontonan
en la maceta sin planta pronto
el nido, dos huevos.

Incuban por turnos:
la paloma de noche, el palomo de día
o viceversa, no sé cuál es cuál.

Cielo espléndido de primavera.
En el despliegue de puntos de fuga no
distingo a mis palomas, sólo líneas.

A veces pienso que estoy en este mundo con una única finalidad:
mirar palomas.

Los pichones rompen el huevo
el mismo día, son idénticos.

A veces pienso que estoy en este mundo con una única finalidad:
mirar palomas.

Los pichones caminan entre las dos macetas
aletean hasta la baranda del balcón.
Vuelan. Ya no vuelven.
Tanque:

Me apresuro a deshacer el nido.
Saludo.
Desinfecto.

Cable.
Suelo.
Alero.

Imagen Pasamanos Diciembre Pablo Serr
Pablo Serr

ARCOÍRIS NEGRO

La conversación de encierro:
mosca sin alas chapoteando en la mierda.
Cuatro paredes de horizonte desesperado.
Tu pueblo y mi pueblo ya sin ganas.

Sobre la cama ―extremidad floja, sin paisaje,
del mundo― se forma un arcoíris negro.
Nos deslizamos por la memoria en negativo.
Sin corazón, nuestro amor respira aire fantasma.

En mi frente de hombre serio, un beso tuyo,
procesión interna que me conduce al absurdo.
Entiendo los años, no entiendo la resignación.

Vuelvo a las cartas que me escribiste
cuando todavía estábamos de novios.
El arcoíris negro tiñe hasta lo más oculto.

LAS EXPLICACIONES

La muerte.
Explicaciones
que no cesan de postergarnos.

El corazón:
gran quema de ausencia.

Siguiendo el sueño
arderá el cuerpo.
Unida carne de vientos y nubes.

No se cruza este umbral
sin saltarlo.

EN LA MONTAÑA

Bailamos con la muerte
encendiendo estrellas.
Los árboles quietos
ya no se sienten solos.
Juntos hacemos la música
del sueño de ojos abiertos.
Envueltos en aroma de rosas
nos sentimos a salvo.
De pronto nos vemos allí,
atentos en lo oscuro a recibirnos.
Ella nos reza al oído,
acercándosenos del otro lado:
«Tu morir incandescente
reluce para que Su creación
se escuche detrás de tus orejas…».
Con dos que se sueltan,
vemos completarse
la ronda de raíces nuevas.

RETAMAS

de golpe florecidas;
los cristales retiemblan
y se apaciguan.

Una flor pisoteada.

Mi cuerpo desnudo tirita
empapado de fría luz
de estrellas.

TU RESPIRACIÓN

El insomnio acostumbrado de la casa
calcina nuestros cuerpos inmóviles.
La miseria a la que entregamos la vida
consume el papel inútil de los sueños.

La voz de mi madre pulsa sin esfuerzo:
“hijo, por surcos secretos el exterminio llega”.
Mi estómago libera una música estrangulada
que por túneles de ira sube hasta la garganta.

“La información que te doy vale oro, hijo.”
Aunque siento asco, apoyo la cabeza sobre tu pecho;
oyendo tu respiración me acalambro.

¿A qué precio me conformo así? ¿A qué precio
favorezco la construcción antes que el desastre?
Subo a tus labios para inmolar mis miedos.

 

Foto de Gabby De Cicco
Gabby De Cicco

Biografía

Nació en Rosario, Santa Fe, Argentina, en 1965.
Su lema es Lo personal-poético es político, y se describe como unx poeta no binarie lesbo feminista intersex.

Publicó siete libros de poemas: «Bebo de mis manos el delirio» (1987), «Jazz me blues» (1989), «La duración» (1994), «Diario de estos días» (1998), «Queerland» (2011), «La tierra de los mil caballos» (2016) y «Transgénica» – Obra reunida (2019), estos dos últimos títulos aparecieron por Baltasara Editora.
Sus artículos han aparecido en Feminaria, Debate Feminista, Enlaces de AWID, Democracia Abierta, en los suplementos culturales de los diarios La Capital y El Litoral, y en Las12, Rosario/12 y suplemento Soy de Página 12.
Coordina talleres y clínicas de escritura y lectura de poesía, y de comunicación feminista. Participó en varios proyectos culturales y de militancia lésbico feminista.
En 1985 creó Spectrum Ediciones y dirigió la revista literaria Rayuela (1985-1989). En 2000 co-fundó, junto a Irene Ocampo, RIMA – «Red Informativa de Mujeres de Argentina», y en 2005 crearon «Hipólita Ediciones». En radio hizo los programas «El infierno musical», «Thelma y Louise», «Con el agua al cuello», y ha formó parte de «Blues Mundano» y «Les impertinentes». Recibió en dos oportunidades el «Premio Juana Manso» por el trabajo feminista radial y por RIMA.
Sus poemas han sido incluídos en las antologías y libros colectivos: «Agua de beber» (Nusud, 2001), «Poetas argentinas» (1961-1980) (Ediciones del Dock, 2007), «Gordx el que lee – Lecturas urgentes sobre disidencia corporal y sexual» (co-edición Editorial Brandon y La mariposa y la iguana, 2017), «Proyecto NUM» (Madreselva, 2017), «Atlas de la poesía argentina II» (EUDLP, 2017), «Los reinos de la poesía» (Casagrande Editorial, 2018), «Poliamor – Anfibia papel» (2018), «Con estas bocas, en este mundo» – Antología 8M (co-edición Rumiar y Poetas por el aborto legal, 2019) y en el catálogo de la muestra «Revolucionistas» (2019).

Foto de Eva Ricart
Eva Ricart

Biografía y textos

Nació en Venado Tuerto, Provincia de Santa Fe, el 3 de abril de 1985 bajo el signo de Aries.
Es Técnica Electricista y estudió Ingeniería Civil 5 años. Un día comenzó un taller de escritura creativa con la ilusión de tener herramientas para escribir su tesis final, a partir de ese momento la poesía entró en su estructura vital como una base fundamental para ver la vida.

En el 2014 abandonó sus estudios y su ciudad y se instaló en Rosario para estudiar el Profesorado de Teatro y Títeres en la Escuela Provincial de Teatro y Títeres N° 5029. Actualmente es Profesora de teatro, actriz y directora de teatro. Anda por ahí autoproclamándose poeta y estrella de rock, esto lo hace con el único fin de provocar al resto del mundo a que se anime a construir sus propios espacios, invitando a imaginarse lo imposible. Por las noches escribe cartas y poesías en su libreta de apuntes. En la cuarentena empezó a editar videos con sus textos revisando su producción, eso hizo que hoy la podamos conocer, ya que no tiene ningún libro editado hasta el momento, ella sueña con algún día animarse a hacerlo.

 

Selección de textos

EJERCICIO DE PENSARME XIV

ESCRIBIR
Cualquier punto de vista
Cualquier espacio
Cualquier teoría

Escribir: Cuerpo
Escribir: Intimidad

Saber que las palabras son acciones
Saber que las palabras provocan acontecimientos
Saber palabras

LAS PALABRAS
una vez pronunciadas son irrevocables

Estoy por hablar
y tengo miedo,
llevo así casi todo el día, toda la tarde

Escribir

CONVENCERME
Saber que soy anfitriona de paso
que herir es un acto de involuntaria intimidad
y que estoy por hablar y tengo miedo

Llevo así casi todo el día, toda la tarde

Intentar escribir

Escribir: Convencerme
Escribir: Escribir

Cualquier punto de vista
cualquier espacio
cualquier teoría

Escribir que de algún modo no me dí por vencida en todo el día

Mayo 2020

EJERCICIO DE PENSARME XIII

Algo cae, oblicuo,
no sé si la tarde, el sol,
o quizás las cenizas de mis certezas.
Inicio el gesto que sabrá ocultar
el propio espanto.
Apenas tengo tiempo,
un pequeño inmortal tiempo
para señalar con el dedo
un rostro en ningún espejo.
Detrás de mí,
un contorno
persistente y vulnerable
de finitos puntos
un insecto volador,
la imagen inexacta de mi cuerpo.
Miro, sin querer ver más que a medias,
esa siempre fue mi ventaja
mirar como quien mira hacia otro lado:
Hace un sol insoportable
La sombra es densa, tan densa que alivia.

Mayo 2020

EJERCICIO DE PENSARME XV

hoy lloré
hoy lloré
hoy lloré

compré una latita de pintura naranja
4 bananas
y armé un minijardín en una maceta de telgopor

hoy lloré
hoy lloré
hoy lloré

compré una frasco de mermelada
2 botellas de vino
y caminé hasta el cajero

hoy lloré
hoy lloré
hoy lloré

hablé por whatsapp con mis amigos
di 3 clases por videollamada
y no subí ninguna historia a instagram

hoy lloré
hoy lloré
hoy lloré

si hubiese agarrado un libro como tendría que haber hecho
no estaría perdiendo horas de sueño
intentando escribir este (digámosle) poema
que de manera extraña hace que recupere el buen humor

Abril 2020

EJERCICIO DE PENSARME II

Trabajar sobre el estilo. Sobre la puntuación, el ritmo, las comas, la respiración. Trabajar en respirar. Trabajar. Escribir, con comas, sin comas con puntos seguidos, suspensivos. Escribirtodoseguido. Escribir seguido. Trabajar en escribir una hora media hora 2 horas seguidas para ver qué pasa. Trabajar en escribir sin parar. Trabajar en escribir como acto de meditación. Obligarme a escribir sin pensar. Escribir sin juzgar. Escribir los puntos los silencios los paréntesis. Escribir la muerte y el sinsentido. Punto. Aplicar signos de interrogación erróneos, transcribir todos los libros subrayados. Hacer plagio pero escribir. Escribir Los Significados de las Palabras. Escribir nuevas palabras, deducir mi falta de palabra. Hablar del silencio. Escribir palabras que subrayen el silencio. Escribir mis silencios. Trabajar en silencio. Enchastrar con ruido todas las palabras. Traducir a un idioma nuevo mi falta de estilo. Escribir todo el tiempo que no puedo escribir. Dejar atrás las frases hechas, la frase prometida, premeditada. Obligarme a no usar palabras. Prometerme no utilizar el enter, hacer el ejercicio de escribir sin utilizar el enter, conservar una línea, no cambiar de idea. Escribir. Escribir una especie de silencio. Un silencio truculento y amoroso. Escribir paciencia, crear paciencia con la escritura. Traducir el silencio absoluto. Punto. Trabajar en borrar el enter en la escritura. No usar ese injerto cultural de las charlas y los vínculos contemporáneos. No producir interrupciones entre el pensamiento y la escritura. No producir pensamiento, escribir. Escribir cualquier cosa, perder la línea como se pierde la vergüenza. No utilizar el enter. Escribir en mayúsculas, poder. PODER ESCRIBIR: Procrastinación prostitución postcrucifixión. Por favor alguna palabra. Dolor es una palabra. Deconstruir es una palabra. Mi escritura, son dos palabras. Deconstruir mi escritura, mi palabra, cualquier cosa. Deconstruir cualquier cosa es doloroso. Trabajar en escribir la sombra de las palabras. Trabajar en escribir las sombras de las palabras es doloroso. Alumbrar. Alumbrar. Alumbrar. ENTER.

2019

EPISTOLARES LECHE LIX

Ricardo:
Hoy tuve una iluminación genial, habla y radica básicamente en el error. Uno con plena conciencia de estar haciendo lo que está haciendo (ya sea una acción física, un acorde, una melodía, una posición en el espacio, un huevo revuelto, una tortilla o un poema), en pleno acto consciente, se descubre pifiando. ¿Entonces que Ricardo? Uno la pifia, pero la pifia bien pifiada, no se acomoda ni siquiera un poquito, pifia con convicción. No la trata de arreglar, no se endereza, ni se acomoda, porque en esa acomodación uno se acostumbra a gambetearla y después nunca más le da a la tecla como le tiene que dar.
Pegarle como venga y tratar de darle al ángulo Ricardo, esa es la cuestión, la idea es errarla bien, encontrar una técnica del error. Saberse errando y no disimular, ni evidenciar el error. Sólo errar y ser consciente. Esto sirve para que uno en la próxima ejecución no cometa la misma falla. Puede que se cometa otro error, pero este sería uno nuevo. La revelación demuestra cómo se lo educa al cuerpo errando.
El punto: Erre con ganas.

Lo quiere, su Ricardita

David Chulque

Biografía y textos

Nació en 1985 en Belén de Escobar, Buenos Aires, pero su primera infancia la tuvo en Palca de Flores, Potosí (Bolivia) y desde el 2003 reside en Rosario.

Entre tantas cosas, es cocinero, verdulero, estudiante del Profesorado de Lengua y Literatura y varios etcéteras.

Publicó «Te prohíbo olvidarme» (Ed. Hecho a mano, 2010), «Caminando el borde» (Ed. Reloj de Arena, 2014) y «Pitaj kani» (Ed. Carpe literario, 2018) y participó en más de una decena de antologías.

Obtuvo entre otros premios el 1° y 2° Premio de Poesía en el Concurso literario Julio Cortázar 2013, el 1° Premio de Cuento y el 2° Premio de Poesía en el Concurso literario a 100 años del natalicio de Adolfo Bioy Casares 2014, ambos organizados por el Instituto de Educación Superior Nº 28 «Olga Cossettini».

Aquí uno de sus poemas del libro «Te prohíbo olvidarme».

Vicenta

En casa sobra espacio.

El hueco de las risas se llena

de silencios y

sombras

padres, hermanos, hijos,

emigrantes que no vuelven.

El tiempo

caminaba sus horas a paso de anciano.

Al menos

éramos dos luchando

para llegar juntos al final.

Es verdad

la vejez te llena de ausencias.

Y mi vida eras tú.

Tú,

que fuiste capaz de arrancarme de mi tierra

para plantarme en tu corazón.

En silencio aún me tienes a tus pies

y solo me quedas en el sueño

y en esa sonrisa

– la arrancaría para no extrañarte tanto -.

Eres el lugar al que ansío regresar.

La muerte me tiene en su sala de espera

buscando en cualquier destello tu voz.

Foto de Cristian Wachi Molina
Cristian Wachi Molina